Testimonio de Mastopexia+ braquioplastia
“Todo ha sido muy favorable y muy positivo y por eso estoy feliz”, expresa Olga paciente operada en nuestra clínica.
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Laura Caro paciente operada con la #Dra.VivianLacera, quedo muy feliz con sus resultados tras un mes de posquirúrgico .
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“Estoy muy agradecida con la #ClínicaLáser, muy atentos y me gusto mucho”, expresa la paciente Carolina Rendón operada con nosotros.
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Paciente que recomienda 100% a la Clínica Láser, gracias al resultado que tuvo con su #Liposucción + #Transferenciaglútea
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Por Lisa Drayer
(CNN) — Aquí algo que quizá ya sabías: el agua puede hacer maravillas por tu salud.
El líquido comprende aproximadamente el 60% de nuestro peso corporal y permite que nuestros órganos internos rindan al máximo. Regula la temperatura de nuestro cuerpo, mantiene nuestras articulaciones lubricadas y transporta nutrientes a nuestras células. El agua también proporciona humedad a la piel, lo que garantiza un brillo radiante.
Incluso la deshidratación leve puede ser un estresante físico para el cuerpo, según Melissa Majumdar, dietista certificada y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética. Si no estamos adecuadamente hidratados, podemos experimentar náuseas y pérdida de apetito, y puede ser difícil concentrarse y realizar tareas físicas, como cargar alimentos o levantar pesas.
Entonces es importante beber agua. Eso lo sabemos. Y en estos días, mientras nos quedamos en casa con nuestras tazas reutilizables y el acceso conveniente a los baños, no hay una buena razón para no beber agua.
¿Pero cuánta es suficiente?
El Instituto de Medicina recomienda que las mujeres tengan como objetivo consumir 2,7 litros (o 91 onzas) de líquidos al día, y los hombres beben 3,7 litros (o 125 onzas). Pero esta recomendación no se centra específicamente en el agua. Más bien, incluye todos los líquidos y alimentos ricos en agua, incluidas frutas, verduras y sopas.
Considerando que aproximadamente el 80% de nuestra ingesta de agua proviene de líquidos y aproximadamente el 20% de alimentos, eso se descompone en una meta diaria de aproximadamente 9 tazas (o 72 onzas) de líquidos para mujeres y 12½ tazas (o 100 onzas) para hombres.
“Es una recomendación muy general”, explicó Majumdar, quien señaló que factores como el nivel de actividad, la composición corporal e incluso el clima juegan un papel en las necesidades de agua.
“Si eres un corredor de larga distancia y pierdes mucho líquido a través del sudor, particularmente en condiciones cálidas y húmedas, necesitarás mucha más agua que [un] guerrero de fin de semana que está haciendo un trote corto en el gimnasio”.
Además, dado que las células musculares tienen una mayor concentración de agua que las células grasas, alguien con más masa muscular magra tendrá mayores necesidades de agua, y puede que necesite consumir más agua, que alguien con más masa grasa.
“Una persona más delgada requiere más agua”, dijo Majumdar, aunque señaló que “de todos modos es probable que sean más activos y como resultado beberán más”.
Si bien el agua es a menudo la bebida por defecto elegida por muchos nutricionistas, se pueden incluir otras bebidas como parte de su ingesta diaria de líquidos, como leche rica en nutrientes, agua mineral e incluso café y té. “Todos los fluidos, con la excepción del alcohol, caen bajo ese balde [fluido]”, dijo Majumdar.
Si bien es un error pensar que el café y el té causan una pérdida adicional de líquidos del cuerpo y te deshidratan, el alcohol tiene un efecto diurético y puede aumentar el riesgo de deshidratación. “El alcohol extraerá otros líquidos”, dijo Majumdar, “pero el café y el té proporcionan líquidos y son hidratantes”.
Las leches lácteas o no lácteas pueden proporcionar nutrientes importantes como proteínas, calcio y vitamina D. A pesar de que un refresco de cola que contiene azúcar puede hidratar técnicamente, “para la salud y el bienestar, es mejor evitar las bebidas que contienen azúcar tanto como sea posible”, dijo Majumdar. Estas bebidas generalmente carecen de nutrientes beneficiosos. Una excepción es el jugo 100% de fruta; sin embargo, demasiado jugo entrega una fuente concentrada de azúcar, sin la fibra que proviene de comer toda la fruta.
La recomendación del instituto también incluye alimentos ricos en agua, como sandía, naranjas, manzanas, uvas, pepinos, lechuga, apio y repollo. Sin embargo, el agua obtenida de los alimentos es difícil de medir. “Desde un propósito de seguimiento, es más fácil seguir con las cosas que se vierten”, dijo Majumdar.
Dado que el agua es vital para nuestro funcionamiento diario, es posible que te preguntes si hay un beneficio en beber, por ejemplo, un galón o más de agua (un galón son 3,7 litros o 128 onzas). Pero los expertos dicen que, al contrario de lo que mucha gente cree, exceder nuestras necesidades de líquidos no proporciona ningún beneficio adicional.
De hecho, los atletas de resistencia que beben demasiada agua, en ausencia de electrolitos, corren el riesgo de hiponatremia, una afección potencialmente mortal caracterizada por bajos niveles de sodio en la sangre que ocurre con la sobrehidratación.
“He tenido clientes que terminan con niveles peligrosamente bajos de sodio por sobrehidratación que requiere atención médica inmediata para corregirlos”, dijo Wendy Sterling, dietista deportiva certificada por la junta y coautora de “Cómo alimentar a su hijo a través de un trastorno alimentario”.
La mayoría de las personas se beneficiarían simplemente asegurándose de satisfacer sus necesidades diarias de agua, algo que Majumdar dijo que no están haciendo suficientes personas. “Lleva una botella de agua como si fuera tu tercer brazo”, aconsejó Majumdar. Si la falta de sabor del agua es un elemento disuasorio, intenta agregar rodajas de limón, lima o naranja al agua. Y no olvides alternar cócteles y vino con agua o agua mineral para mantenerte hidratado.
Si bien puede no ser siempre práctico contar la cantidad de agua durante el día, para la mayoría de nosotros, usar una combinación de la sed como guía y buscar un color de orina amarillo pálido, puede indicar que estamos bien hidratados.
Las excepciones incluyen adultos mayores y aquellos que hacen ejercicio intenso o por períodos prolongados, que tal vez no puedan confiar en la sed durante un entrenamiento y que necesiten seguir un plan de hidratación específico. Además, algunos medicamentos o vitaminas pueden afectar el color de la orina, dijo Majumdar.
Tomado de: www.lavozdelaopinion.com
¿QUÉ es la cirugía bariátrica?
La cirugía bariátrica, también llamada cirugía de la obesidad, es una intervención que tiene como objetivos: perder peso de manera significativa, no volver a ganar el peso perdido, mejorar o curar las enfermedades asociadas a la obesidad y tener una buena calidad de vida. Todo ello, tratando de manera individualizada y global (multidisciplinar) cada paciente.
¿QUIÉN puede ser candidato a una cirugía bariátrica?
Son candidatos para la cirugía bariátrica los pacientes que tienen lo que se considera médicamente obesidad mórbida (índice de masa corporal -IMC- mayor de 40) u obesidad severa (IMC mayor de 35) siempre que estos últimos presenten enfermedades asociadas, ocasionadas o agravadas por la obesidad, como la hipertensión arterial, diabetes, artropatía, apnea del sueño, dislipemia,… etc.
¿CÓMO son las intervenciones de cirugía bariátrica?
El tipo de cirugía a realizar dependerá de aspectos tan importantes como el grado de obesidad, la existencia o no de patologías asociadas y los hábitos dietéticos del paciente. En función de estos elementos, su cirujano le recomendará una técnica u otra. A grandes rasgos, se realizan dos tipos de cirugías. Por un lado, “las restrictivas”, que reducen el volumen del estómago para conseguir saciedad precoz comiendo menos. Y por otro lado, “las mixtas” que, además de reducir el volumen del estómago, “inutilizan” parte del intestino delgado para conseguir disminuir la absorción de las calorías de los alimentos y así perder peso.
¿CUÁNDO es el mejor momento para realizarse una cirugía bariátrica?
Todas las cirugías requieren un buen estudio medico del paciente dado que muchos de ellos presentan enfermedades derivadas de su obesidad. También es muy importante una buena preparación emocional para afrontar la intervención con mayores garantías de éxito. En el caso de la cirugía bariátrica esta atención a la parte emocional todavía es más necesaria puesto que, muchas veces en el contexto de la obesidad, existe un componente de ansiedad y/o problemas psiquiátricos.
¿POR QUÉ me tengo que operar si estoy bien?
El objetivo de la cirugía es mejorar la salud a través de la pérdida controlada de peso, ya que la obesidad causa múltiples enfermedades que se desarrollan a lo largo del tiempo en casi todos los pacientes, causando una peor calidad de vida y un acortamiento de la misma.
Información tomada de: www.notiantioquia.com

Tener el pecho más grande y bonito es el objetivo de la cirugía de aumento de pecho. No obstante, es habitual que surjan dudas sobre cómo será el proceso y cómo afrontarlo. Entre ellas, muchas pacientes se preguntan por el sujetador postoperatorio. Por ello, te resolvemos las preguntas más frecuentes sobre este tema aquí.
El sujetador postoperatorio no es más que un sujetador parecido al deportivo que tiene una mayor sujeción. Estas prendas se tienen que utilizar tanto tras cualquier cirugía de pecho ya sea de aumento o de elevación de mama. La finalidad del sujetador es mantener el pecho en una colocación adecuada y así facilitar la adaptación de las prótesis mamarias y de los tejidos. De esta forma, son un parte clave de la recuperación ya que de su uso también depende el resultado final.
Normalmente en la mayoría de las clínicas estéticas ofrecen unas pautas sobre cómo debe ser el sujetador postoperatorio y dónde adquirirlo. En ocasiones también pueden facilitártelo desde la misma clínica. Sin embargo, no es difícil de conseguir en tiendas de ortopedia o de lencería especializada. Lo más importante es contar con el sujetador postquirúrgico antes de la cirugía ya que es necesario llevarlo al hospital.
En cuanto a cómo elegirlo, es importante contar con el asesoramiento del cirujano plástico para saber con certeza qué talla y qué copa podría acomodarse mejor al pecho tras la intervención. Aunque esto no significa que sea la talla de sujetador definitiva que va a utilizar la paciente ya que el pecho durante el postoperatorio se presenta inflamado y, por tanto, puede requerir más talla de la que se llevará en los resultados finales.
En términos generales sí. Durante la primera semana llevarás el mismo sujetador puesto y, luego, en base a lo que te diga el cirujano podrás cambiarlo o no. Esto no significa que tenga que ser siempre el mismo ya que puedes comprarte dos para tener recambios sobre todo a la hora de lavar la ropa. Sin embargo, lo prioritario es que sean siempre sujetadores del mismo estilo, es decir, sujetadores postoperatorios que cuenten con las indicaciones y prestaciones que solicita el cirujano. Habitualmente las características de estos sujetadores son una alta sujeción, sin costuras internas, tirantes adaptables, una copa bien formada y obviamente sin aros ni rellenos que podrían deformar el pecho y la prótesis durante las primeras semanas sobre todo.
Sí. Sobre todo durante el primer mes. El sujetador permitirá que los implantes se acomoden mejor a los tejidos lo que ayudará en el proceso de cicatrización. De todos modos, la mayoría de cirujanos recomienda usar el sujetador postoperatorio durante al menos seis meses para dormir independientemente del que se use durante el día.
Todo el tiempo durante los dos primeros meses. Algunos cirujanos permiten cambiar de sujetador al mes de la intervención pero, normalmente, se recomienda su uso durante los dos primeros meses ya que el pecho hasta el tercer mes no queda en su posición final. De este modo, es necesario llevar el sujetador 24 horas de día y de noche durante esos dos meses al menos aunque puedas quitártelo para ducharte lógicamente.
Esta decisión depende del cirujano plástico así como de la paciente y del tipo de cirugía ya que una elevación de pecho requiere más cuidados postoperatorios que un aumento de pecho. Esto útlimo se debe a que una mastopexia es una cirugía más compleja que requiere una reconstrucción mamaria además de la colocación de una prótesis aunque no siempre sea esto necesario.
En la mayoría de los casos los cirujanos permiten utilizar sujetadores normales a los dos meses de la cirugía. Sin embargo, los primeros sujetadores que utilices tras ese período deben ser sin aros ni relleno. Es necesaria una adaptación progresiva a los sujetadores con aros y relleno para que el pecho pueda adaptarse en su totalidad y no se deforme. Tras ese tercer mes usando sujetadores normales sin aro y sin relleno se permite a la paciente usar cualquier tipo de sujetador. No obstante, esta decisión siempre debe ser consensuada con el cirujano ya que él es el especialista que determinará toda la evolución de la cirugía de aumento de pecho.
Tomado de: www.eldiariocolombiano.com
Descubre las claves para diferenciarla, lo que debes hacer para prevenirla y cómo puedes tratarla
Descubrir cómo tratar la piel seca y deshidratada es un enigma ancestral de belleza que incluso hoy en día aún nos cuestionamos. Por eso hemos investigado a profundidad el tema y ¿qué hemos aprendido?, que tenemos que regresar al diccionario. La mayoría creemos que la sequedad de la piel es un resultado directo de la deshidratación o la falta de agua, pero estamos totalmente equivocadas porque las dos en realidad no son sinónimos.
¿Sabrías al menos diferenciarlas? Te adelantamos una pista: una de ellas necesita aceite y productos que le aporten lípidos, mientras que la otra lo que requiere es agua, o sea, una buena dosis de hidratación.
Además, cabe resaltar que nuestra piel sólo puede ser: grasa, mixta o seca, pero puede pasar por periodos de deshidratación. La sequedad es un estado de la piel mientras que la deshidratación es una condición, es decir, algo puntual. Por lo que existen cremas para cada tipo de piel y otras que aportan un extra de hidratación para determinados momentos.
Así que el primer paso es comprender la diferencia entre la sequedad y la deshidratación. Sigue leyendo y obtendrás las claves sobre cómo diagnosticar, tratar y prevenir adecuadamente la sequedad y la deshidratación de la piel para mantenerla en su punto más radiante.
La piel seca es algo con lo que puedes nacer, pero también puedes desarrollar. Los bebés y los niños tienden a tener la piel más seca, así como nosotras a medida que nos hacemos mayores, por lo que es importante conocer las cuatro edades en las que tu piel cambiará y cómo enfrentar cada cambio. Sin embargo lo que sí es una leyenda urbana es pensar que sólo las pieles maduras necesitan hidratarse, pues las jóvenes también pueden tener la piel seca. Pero ¿cómo puedes identificarla? Si eres de las que usa varias veces al día una crema hidratante para evitar la sensación de resequedad, seguramente es porque tienes la piel seca.
Otro mito que debemos desmentir es que las cremas son únicamente para usar de noche (salvo que el producto lo especifique), ya que cuando más se necesita este escudo protector es durante el día, que es cuando la piel está sometida a más agresiones, sobre todo por el clima, el sol, la contaminación y las variaciones de temperatura.
En resumidas cuentas, la piel seca se clasifica como alipídica, lo que significa que no produce sebo ni aceite. Y como la piel depende de la grasa natural para mantener la humedad, sin ella puede parecer áspera y escamosa y las arrugas pueden ser más pronunciadas. La resequedad de la piel también puede arruinar su función de barrera de protección, aumentando la sensibilidad y la inflamación a largo plazo, y provocando una cadena de reacciones bioquímicas como la descomposición del colágeno. Así que lo ideal para las pieles secas son las cremas relipidizantes, o nutritivas, que contienen más elementos grasos.
La clave está en usar humectantes ricos en emolientes que protejan la piel de la pérdida de humedad. Las más recomendadas son las fórmulas que contienen mantequilla de karité, cera de abejas, aceite de jojoba y aceite de semilla de girasol. Además debes usar productos suaves, evitando los productos especializados para pieles grasas (de fórmulas más fuertes) y jabones de barra (especialmente aquellos del cuerpo).

La mejor manera de tratar la piel seca es exfoliando la piel con productos suaves pues ayudan a eliminar la descamación de la piel más superficial y así promover la renovación celular. También se debe cuidar el ambiente, por lo que si habitas en un lugar seco lo mejor es usar un humidificador para mantener la humedad en el aire y, más importante aún, en la piel. Además no debes olvidar nunca aplicarte la crema hidratante dentro de un minuto después de lavarla para evitar que el agua en la piel se evapore por completo.
Por su parte, la deshidratación puede atacar a cualquier tipo de piel sin distinción (mixta, grasa o seca), aunque las secas suelen tener una mayor tendencia a sufrirla. Sin embargo, los efectos son diferentes: cuando las pieles mixtas y grasas se deshidratan, suele descamarse en la zona media del rostro, es decir, en los bordes de la nariz y en el nacimiento de las cejas. Mientras que las pieles normales o secas pueden notar más tirantez (sin elasticidad) o descamación en la zona de las mejillas o el contorno de los labios.
Ésta condición de la piel implica que carece de contenido acuoso, pero por lo contrario a la piel seca, es capaz de producir el aceite natural. Si bien puede ser genética o ambiental, la piel deshidratada puede sentirse escamosa y sin elasticidad, y permite que se formen líneas finas triangulares, debido a la deflación de la células superficiales por falta de agua. Si se mira a través de una lupa, la piel deshidratada es fácil de identificar, y es común entre quienes usan productos fuertes y agresivos que despojan a la piel del agua que debería acumular.
Los expertos suelen comparar la piel deshidratada con una silla de cuero: necesita ser humectada para prevenir que aparezcan las señales de uso que aparecen con el paso del tiempo. Si aplicas un producto acondicionador y humectante a la silla de cuero, previenes que se cuartee. Lo mismo aplica para tu piel, si no aplicas un producto para humectarla, el paso del tiempo, el clima y otras variables pueden empezar a relejarse en ella.
El tratamiento de la piel deshidratada comienza por ser muy selectiva y exigente a la hora de elegir una crema hidratante. Usa un humectante que contenga glicerina o ácido hialurónico, ya que estos ingredientes atraen el agua del ambiente hacia la piel para mantenerla suave y flexible. Por otro lado, necesitas reducir el uso de los exfoliantes o podrías empeorar la deshidratación y causar una peor inflamación. Para limpiarla opta por usar un gel sin sulfato para evitar una deshidratación innecesaria tras la lavada. Y no olvides optar por productos a base agua, así le darás todo el agua que necesita, sin aportar nada de grasa.

Así que ya sabes, no las puedes seguir confundiendo. Si a una piel deshidratada le aportas lípidos puede que se formen granitos, puedes obstruir los poros y puedes crear brillos no deseados. En cambio si a una piel seca solo le aportas agua, sentirá de manera instantánea un alivio pero a lo largo del día no retendrá el agua poniendo en riesgo la barrera cutánea. Y recuerda, ni la piel seca ni la deshidratada son exclusivas del rostro, pueden afectar a todo el cuerpo. ¡Cuídalo!
Tomado de: www.eldiariocolombiano.com
La OMS advierte que desde 1975 la obesidad se ha triplicado en casi todo el mundo.
Hay diferencia entre tener sobrepeso y ser obeso. Aunque la Organización Mundial de la Salud las define como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”, en el sobrepeso el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por su estatura en metros al cuadrado (kg/m2), es igual o superior a 25, y en la obesidad es igual o superior a 30.
En ese caso la obesidad se convierte en una enfermedad que, aunque se puede prevenir, sigue apagando la vida de muchos al rededor del mundo. Los datos de esta organización sugieren que “desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo y que la mayoría de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad cobran más vidas de personas que la malnutrición”.
Y aunque por estos días en redes sociales abundan los comentarios sobre los problemas de ganar unos kilos durante la cuarentena y hasta señalamientos a quienes han publicado fotos y se ven más gordos o delgados, los profesionales aseguran que, en algunos casos, perder la grasa que sobra no es lo más importante. Aquí, algunas pistas:
¿Cuándo sí?
La nutricionista Natalia Zuluaga, dietista y docente en la Universidad CES, explica que bajar de peso debe ser una prioridad cuando hay:
1. Comorbilidades, es decir, enfermedades asociadas al sobrepeso como la hipertensión arterial, la diabetes, enfermedades del corazón, algunos cánceres. La OMS habla de cáncer de endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon.
2. Enfermedades en las articulaciones. La obesidad es un obstáculo directo para solucionar problemas en la movilidad. La OMS habla de la artrosis, por ejemplo, que degenera las articulaciones y causa intensos dolores en las manos, el cuello, la espalda, las rodillas o las caderas.
3. Problemas de salud mental asociados a la imagen corporal. Esto es cuando un psicólogo detecta en la terapia que parte de un problema se puede solucionar trabajando en el peso de la persona, bajando esos kilos que sobran.
Cuando se trata de perder peso, apunta la nutricionista, es importante consultar con especialistas de diferentes áreas. “Estamos con un alto volumen de pacientes con trastornos alimenticios, en donde no hay una adecuada concepción de la imagen corporal y por ética yo no le puedo decir a una persona que la solución a su problema es bajar de peso cuando veo que está en riesgo de tener desnutrición”, comenta.

Puede que unos kilos de más no sean el problema. Eso lo puede identificar no solo con un nutricionista sino también con un psicólogo.
¿Cuándo no?
El IMC es un indicador simple, aclara la OMS, que establece la relación entre el peso y la talla de una persona, y se suele utilizar para saber si la persona tiene obesidad. También está la circunferencia abdominal, que es la distancia al rededor del abdomen, teniendo como referencia el ombligo. En mujeres debe ser de máximo 80 centímetros (cm) y en hombres de 90 cm.
Pero la dietista Magnolia Escobar, directora de Nutrición & Figura, señala que no se deben tomar como las únicas señales para bajar de peso.
“Hay quienes a veces son pesados porque tienen buena masa muscular. Nosotros utilizamos equipos que nos muestran cuánta agua, cuánta grasa, cuánta proteína y minerales componen el peso de la persona”, aclara Escobar, magíster en salud pública de la Universidad de Antioquia
Ella advierte que se deben encender alarmas cuando hay un exceso de grasa, precisamente de eso se trata la obesidad. “En hombres lo normal es tener entre 18 y 25 % de grasa en el cuerpo y en mujeres entre 25 y 32 %”, dice Escobar. O usted puede tener una “complexión recia”, es decir, su masa muscular, líquidos y huesos aumentan su peso.
Por su parte, el entrenador personal Brayan Hernández, especialista en entrenamiento deportivo en el centro Liben Fitness and Food, recomienda no tomar la decisión deliberada de bajar porque un día se pesó y vio que subió un kilo.
“La imagen corporal es subjetiva y en este tiempo hay que trabajar para que todos nuestros hábitos nos mantengan con las defensas arriba. Conozco personas delgadas que pueden estar más en riesgo que alguien con unos kilos de más, lo importante es tomar la decisión de la mano de un profesional”, cuenta Hernández.
Información tomada de: www.notiantioquia.com